lunes, 16 de septiembre de 2013

Los ojos del perro Siberiano

Fecha inicio de lectura: 09/09/2013
Fecha término de lectura: 12/09/2013
Autor: Antonio Santa Ana
Editorial: Zona libre
Número de páginas: 134
Resumen:
Ezequiel era el orgullo de sus padres, inteligente, deportista, guapo, pero a los 18 años embarazó a su novia, la chica abortó y el padre de ella exigía que se casaran, y como el joven no quería esto decidió irse de su casa, dejando a sus padres y a su pequeño hermano de 5 años atrás.
Casi 6 años después el niño pequeño se entere del porqué la huida de su hermano. Un día, de improviso se encontró con que Ezequiel estaba en la casa, pero su madre lloraba y su padre le mandó enseguida subir a su cuarto, sin poder si quiera saludarlo. Los días siguientes eran pura tristeza, y convencido de que esto tenía que ver con su hermano mayor el chico fue en su búsqueda para preguntarle que sucedía, todo esto a escondidas de sus padres. Al llegar al lugar el jovencito no sabía como preguntarle a su hermano que era lo que estaba pasando, pero adivinando la intención de su visita Ezequiel le contó a su hermano que tenía sida. El chico no sabía que hacer y sólo se fue de la casa sin más. Días después la abuela de los jóvenes fue a la casa y le incitó al pequeño comunicarse más con su hermano.
Empezaron a formar una relación de hermanos, la que nunca tuvieron debido a la edad que tenían ambos cuando Ezequiel dejó la casa, y esta vez sin esconderse de sus padres, pero estos de igual manera no estaban felices. Ezequiel luego de su primera crisis fue despedido de su empleo y empezó a dedicar todo su tiempo a tocar el chello, ya que se rehusaba a morir sin antes aprender a tocarla suite número 1 de Bach, y también a cuidar de su perro siberiano Sacha, que según él eran los únicos ojos que lo miraban igual, que para el resto el era "el sidoso". Su hermano se cambió a una escuela que quedaba más cerca de su casa y lo iba a buscar con su perro todos los días, para luego conversar un rato e intercambiar libros, algo que marcó al chiquillo de por vida.
Finalmente, Ezequiel murió 2 años después de que se le diagnosticó su enfermedad, y los únicos presentes en el funeral fueron su hermano de 13 años y su abuela.
Ahora el chico tiene 18 años y se va a estudiar a EEUU, agradeciéndole a su hermano el enseñarle que hay que aventurarse a ver lo que hay afuera, aunque haya tormenta.

Reflexión: Nunca es tarde para perdonar a alguien (los padres de Ezequiel nunca lo perdonaron), la familia debe apoyarse mutuamente y hay que atreverse a hacer las cosas antes de que sea muy tarde.
Valoración: El libro plantea una interesante visión de las relaciones familiares en casos extremos, lo importante que es en nuestras vidas su apoyo, y deja moralejas importantes al lector a partir de estas, enseñando también que estas sirven a futuro 7,0.

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